El origen de la enfermedad: la Paleopatología

Cráneo con treponematosis, enfermedad causada por treponemas o espiroquetas.
Foto: Boris De Swan / Raíces

Concepto de Paleopatología

Los hombres de todos los tiempos han tratado de dar respuesta a la pregunta acerca del origen de la enfermedad. Las diversas culturas han englobado la enfermedad en la visión que tienen del mundo. Los pueblos han integrado en sus mitos y relatos la existencia de la enfermedad, subrayando que en un origen, tanto el hombre como los otros seres, estuvieron libres de enfermedad.

La palepatología es una disciplina capaz de demostrar la enfermedad en los restos de animales y humanos de los tiempos antiguos. El límite temporal de estudio de la paleopatología es difícil de establecer sabiendo que la enfermedad ha de ser pareja al origen de la vida. El límite temporal hasta el que es útil esta ciencia tampoco queda bien establecido. Para algunos científicos es la prehistoria, para otros la Edad Media y algunos lo establecen en la actualidad confundiéndose sus técnicas con las de la medicina legal.

Fuentes

Las principales fuentes de las que bebe esta disciplina son los restos humanos y animales, a los que cabe sumar algunas manifestaciones culturales y artísticas: pinturas, grabados, etc. que, a partir del Paleolítico superior, permiten extraer noticias acerca de la existencia de posibles enfermedades o mutilaciones. Según el uso de unas u otras fuentes se puede hablar de osteoarqueología, cuando se utilizan los huesos y de Paleopatología orgánica, cuando se utilizan las momias.

Osteoarqueología

Los huesos constituyen la base primordial de los estudios paleopatológicos, ya que se trata de la parte del cuerpo más resistente al paso del tiempo. Por eso, la mayor parte de los conocimientos acerca de las patologías en la prehistoria se limita a patologías que afectaban al tejido óseo. Una limitación de este material para sus estudio paleontológico es la uniformidad con la que el hueso responde a los diferentes agentes patógenos. Muy distintas lesiones ocasionan lesiones similares lo que limita el diagnóstico de certeza. El estado de conservación de los huesos es variable y depende de distintos factores: la constitución del terreno, su composición química, la humedad, acidez, la presión ejercida por la tierra, las raíces vegetales… A veces los restos aparecen fosilizados, es decir, han sufrido un proceso en el que se ha sustituido la materia orgánica de las cavidades del hueso por sustancias minerales. Otras veces aunque con menor frecuencia puede ocurrir la mineralización por la que las sales clásicas son sustituidas por sales magnéticas o de otro mineral, conservando la estructura trabecular de su interior. Tras ambos procesos el hueso suele aumentar de peso.

Tejidos blandos

El segundo grupo de fuentes son las orgánicas, fundamentalmente momias. Algunos cadáveres debido a las circunstancias climáticas o del lugar donde se depositan, sufren un proceso de desecación de los tejidos blandos que los convierte en momias. Normalmente se favorece el proceso de momificación allí donde el terreno es seco, la temperatura es elevada, y el ardo de humedad ambiental es muy bajo. Así sucede en Egipto, Canarias, Perú, México.., donde la momificación es más consecuencia de las situaciones naturales que de las manipulaciones a las que el cadáver haya podido ser sometido. Otras veces como en el caso del hombre de Otzi, encontrado en los Alpes en 1991, el cuerpo se ha conservado entre hielos durante 5.300 años. Estas fuentes, mucho menos frecuentes son un gran hallazgo para el investigador.

Hombre de Ötzi en el lugar de su descubrimiento en los Alpes de Ötztal

Fuentes artísticas

En el paleolítico superior aparecen las primeras manifestaciones del arte en forma de pinturas y grabados. De las representaciones humanas se puede deducir la presencia de una posible patología, pero no se ha de confundir la realidad con el arte. Un cuadro cubista nos haría pensar que el sujeto representado sufría una grave deformidad, lo mismo que ocurre con las estatuillas de diosas de la fertilidad, cuya función era puramente mágica.

Métodos de estudio

Las técnicas empleadas son multidisciplinares, lo que convierte a la paleontología en una especialidad compleja.

Exámen macroscópico

Sobre el yacimiento se pueden observar la edad por el tamaño de los huesos, el sexo, la talla, la presencia de ciertas lesiones como las fracturas, las malformaciones o incluso la lesión causante de la muerte.

Estudios radiológicos

A través de la presencia o no de puntos de osificación se puede establecer la edad. El TAC o la RM sirven para estudiar momias sin intervenirlas. Un signo radiológico que proporciona información adicional son las líneas de Harris, que son horizontales y se corresponden con zonas de condensación ósea situadas en las diáfisis, presentes en los niños en un 100% de los casos, mientras que en adultos solo en un 25%. La presencia de estas líneas tiene que ver con situaciones hiponutricionales estacionales y son más frecuentes en mujeres que en varones. A estos por buscar los alimentos les correspondía más comida.

Estudios microscópicos

Con tinciones que permiten dilucidar ciertas patologías

Estudios bioquímicos

Grupos sanguíneos, determinación de anticuerpos, presencia de sustancias extrañas (intoxicaciones), DNA mitocondrial que permite los estudios genéticos…

Resultados

Mediante estas técnicas puede llegarse a un diagnóstico. Las más veces es:

Anomalías congénitas que afectan al esqueleto

Son raras en el Paleolítico (50-10.000 a.C.), pero comienzan a hacerse frecuentes en el Neolítico (10-5.000 a.C.) Macrocefalia, microcefalia, cranioestenosis, acondroplasia, espina bífida, pie equinovaro…

Enfermedades degenerativas

Sobre todo se ve artrosis caracterizada como en la actualidad por dolor e impotencia funcional. Son muy raras en el Paleolítico y se van haciendo más frecuentes en el Neolítico. Parece como si a partir del neolítico se experimentara un auge debido a que la vida se hace más sedentaria. Un tipo de artrosis muy frecuente es la témporo -maxilar, asociada a la abrasión dental, consecuencia de la alimentación coriácea.

Enfermedades infecciosas

Algunas dejan lesiones en los huesos. Así por ejemplo, se ha comprobado la existencia de tuberculosis o mal de Pott en esqueletos humanos del Neolítico. La Sífilis y la Lepra también dejan su huella en el tejido óseo o bien infecciones que producen procesos purulentos (osteítis y osteomielitis a veces consecuencia de un traumatismo. La caries dental comienza en el Neolítico aumentando en el Calcolítico o edad del cobre.

Tumores

Osteomas, osteocondromas, sarcomas, menigiomas. Son poco fecuentes, debido a que se fosilizan raramente por estar poco calcificados.

Procesos traumáticos

Todo tipo de lesión que afecte a la integridad del hueso es identificable. En los restos más  antiguos del Paleolítico las lesiones son de tipo contuso causadas bien por accidentes fortuitos o por agresiones. En el Paleolítico Superior se utilizaban mazas de piedra o bastones de huesos largos o de maderas. En el Neolítico se inventa la acción a distancia. En la Edad de los metales aparecen las lesiones por punta de lanza o flecha. Muchas de ellas presentan signos de supervivencia ya que aparecen cicatrizadas. En Viana (Navarra), se ha localizado el Hipogeo de Longar, un sepulcro colectivo del 2.500 a.C. en el que se pueden identificar cuatro cadáveres muertos por causa violenta, todos ellos cadáveres masculinos.

El problema de la trepanación craneal

A partir del Neolítico es frecuente encontrar cráneos trepanados. Esta práctica también se da en culturas polinésicas y precolombinas. Las hay de dos tipos: quirúrgicas y póstumas, estas últimas consecuencia del culto ancestral del cráneo como sede del alma.

Cráneo trepanado. Edad del bronce

Hay diversos tipos de técnica: barrenado,inciso, raspado. No se conoce con exactitud a qué corresponde, pero hay que asociarlo a prácticas mágicas y ritos de iniciación pues sólo aparece en varones.

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